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 Batalla de Castillón - Guerra de los 100 Años [Privado/Advertencia] (Francia)

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Arthur Kirkland

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MensajeTema: Batalla de Castillón - Guerra de los 100 Años [Privado/Advertencia] (Francia)   Vie Jul 16, 2010 7:44 am

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Lo único de lo que mis sentidos podían ser consientes llegado ese momento, era el ruido que se producía con el choque que el césped húmedo tenía con el pesado metal que recubría mi cuerpo en forma de armadura y rechinaba, haciendo mi posición evidente por más que me esforzara. La cinta que sostenía mi espada atada al cinturón de la armadura se encontraba casi del todo floja, y a duras penas aún conservaba la espada, mientras que corría sin rumbo entre los árboles, con el único pensamiento fijo en mente de ir hacia el Norte.

Mis mejillas estaban fuertemente sonrojadas por múltiples razones; una de ellas, el cansancio de la batalla; otra, la agitación de correr tan rápidamente me provocaba; y, sobre todo, la horrorosa vergüenza que me invadía a un ritmo de velocidad mucho mayor, un ritmo que corriendo no podría ni alcanzar, ni mitigar. ¿Cómo había ocurrido esto? ¡¿Cómo, por qué?! ¡¡A pesar de que por añares, yo fui el que ganó todas y cada una de las batallas!! ¡Demonios, fue mi mejor oportunidad…! Desesperado, gritaba mentalmente y apretaba mis dientes con furia y frustración, mis cejas fruncidas en rabia y humillación, y mis ojos controlando de vez en cuando, mirando hacia atrás, a sabiendas de que esa persona no se detendría jamás.

Damn… esta debería ser MÍ victoria, MI triunfo… y ahora…

Era todo un desastre. No quería ni ver cómo había quedado alrededor; los pocos de mi ejército que habían podido salvarse cuando el líder ordenó la retirada ahora eran en su mayoría o cadáveres o pronto lo serían, y apenas unos pocos tendrían la suerte (o desgracia) de que les perdonasen la vida para tomarlos como prisioneros, como esclavos. Apenas había podido quitarme la maldita bala de cañón del cuerpo* cuando tuve que empezar a correr; todo era una jodida catástrofe. En vez de vencer, mi gente había sido vencida, humillada y asesinada; ¿acaso tan efectivos eran esos malditos cañones? Esta debería haber sido mi oportunidad… la oportunidad que tuve para dejar de ser solo una ‘islita del norte’ y pasar a ser finalmente un país poderoso, un país reconocido, uno como Francia lo era hacía siglos.

¡Incluso esa guerra! Como si a mí me importase tener alguno de sus territorios, pero… todo era parte de mi venganza. Yo era apenas primero un bebe y luego un niño cuando él llegó, solo a molestarme, solo a lastimarme, solo a burlarse. Desde el primer momento Francia había pretendido llamarme su ‘esclavo’ y… no era algo que planease permitirle otra vez. Creí que esto sería suficiente. Mi cuerpo ya no era el de un niño, y fácilmente podría superar los 14 años de edad en físico, yo diría que llega a los 15… y a comparación de los 12 o 13 con que lo conquisté, eso era bastante; al menos para ésta época…

Pero así y todo no había sido suficiente. Ese bastardo lo había logrado, lo estaba logrando. Y una vez más, yo era el derrotado.- D-damn, France, you idiot!! ¡¿Por qué rayos me sigues?! ¡Ya dejé tus queridísimas ciudades, imbécil! ¡Será mejor que te alejes o…! –me quedé con la amenaza en la boca mientras lo miraba con furia, preparándome para volver a sacar la espada a pesar de que nada podía hacer ya; todo estaba dicho, ni siquiera palabras con las cuales amenazar me eran válidas. La nación que perdía nunca tenía derecho a nada.- Déjame irme de una vez, bastardo… ¿acaso no era eso lo que querías? Jah, ¿por lo que tú y tu gente tanto lucharon…? –pregunté, sonriéndole desafiante, o intentando hacerlo. Quería sonar aún fuerte, aún orgulloso, aún de pie, demostrarle que por muy joven que me considerase, yo ya no era ningún niño… incluso cuando, estando acorralado entre una sangrienta planicie y un oscuro bosque, era más que obvio que, de mí, solo podía salir un tono humillante.

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Francis Bonnefoy

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MensajeTema: Re: Batalla de Castillón - Guerra de los 100 Años [Privado/Advertencia] (Francia)   Dom Jul 18, 2010 4:51 am

Corría. Corría por entre los árboles, esquivando cuerpos, saltando restos, ignorando gritos de dolor y desesperación. Corría con un solo objetivo: el de alcanzar a mi presa. Era mío, al fin lo tenía justo en donde lo quería luego de cien años de cruenta y sangrienta batalla.

Cien condenados años, y al fin estaban llegando a su fin. Mi gente tenía la victoria en sus manos, el grito de guerra en sus gargantas era mas potente de lo que nunca había sido jamás.

No dejaríamos a uno solo en pie. Non, luego del infierno por el que habíamos pasado, las numerosas batallas en las que habíamos sido violentamente aplastados... no permitiríamos que uno solo sobreviviera. Y los pocos que quedaran serían nuestros prisioneros.

Ahora corría, corría tras un elusivo conejillo que se me estaba escapando. Mi único objetivo desde que esta guerra había comenzado. Había dado la orden de que particularmente a él me lo dejaran a mi.

Mais oui, me quería tomar mi propia y cruel venganza contra cher, cher Arthur. Por todo lo que me había hecho. Por todo lo que había sufrido gracias a él y sus acciones. Por Francia, por los franceses... por Juana de Arco. Por todo el dolor, las heridas, el terror y la desesperación por la que había pasado. Por no permitirme tomarme un respiro en 100 años. Por todo el condenado sufrimiento, la Perfide Albion me las pagaría caras. Muy caras.

Tenía sed de venganza.

Oí su voz, sus patéticos intentos de lograr que lo dejara ir. Aminoré el paso hasta llegar a un alto a meros pasos de donde se encontraba l'anglais; su espada en alto, sus mejillas rojas, un cómico vestigio de amenaza en su voz. Amenazarme, a moi? Su momento había llegado y pasado. La victoria era mía.

Reí. Una risa fría, repleta de humor negro y resentimiento.

- Ah non, mon ami - mi voz sonaba sarcástica y dura. Endurecida, claro, luego de cien años de guerra. Cien años que me habían hecho madurar y crecer hasta llegar a una edad física de unos 18 años. - Me temo que el dejarte ir no se encuentra entre mis opciones.... non, tengo cuentas que saldar contigo, sabes? No me podría permitir el dejarte ir así como así... - avancé un paso en dirección al inglés, disfrutando ampliamente de sus reacciones, de su miedo, del terror que le provocaba mi presencia. Deleitándome mientras lo acorralaba y apresaba, sonriente cual depredador que jugaba con su presa antes de devorarla.


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Arthur Kirkland

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MensajeTema: Re: Batalla de Castillón - Guerra de los 100 Años [Privado/Advertencia] (Francia)   Mar Jul 20, 2010 8:57 am

Un sensación de malestar general invadió mi cuerpo al verme obligado a parar; la ribera de un pequeño lago se entreveía, un lago que sin duda alguna debía conectarse con el río que daba al Canal de la Mancha, pero… por mucho que supiese eso, y aunque me negase rotundamente a sucumbir ante la idea, el estado en que estaba mi cuerpo luego de tantas batallas y, luego de esos malditos cañonazos que fueron directos a mi estómago, la verdad es que todavía me preguntaba cómo había llegado hasta ese punto del bosque sin tropezar y caer en el intento. El bosque era denso, húmedo, pues la zona francesa del Norte ya daba indicios de acercarse hacia mis tierras, esas en las que siempre llovía; las copas de los árboles no permitían ver bien el cielo, y el aura, el aroma y la sensación a muerte invadía el lugar por dondequiera que se mirase.

Muerte de su gente y de la mía pero, hoy, lo rojizo que se veía a cada lado era más de mi gente que de la suya. Ese olor me daba náuseas, y debía verse en mi rostro, pues al francés ni bien se acercó lo miré con asco, una mirada llena de rencor. Retrocedí unos pasos más, mirando hacia atrás con mis grandes ojos al sentir que me acercaba al tronco de un árbol, y con una mano temblorosa en parte por los nervios, en parte por el cansancio y en parte por lo lastimado, saqué la espada de su funda, que cayó enseguida al suelo, y como pude apunté al otro.

Lo odiaba por haberme ganado… otra vez.- ¡J-jah! ¡¿Quién te crees, tú?! Aunque hayas logrado vencerme ahora, ¡so-solo fue suerte! Ahahaha, ¡sí, ya…verás! ¡La próxima vez será diferente! –Oh sí, porque si algo ya tengo muy en claro, es que voy a seguir enfrentándomele hasta que lo humille mil veces más por lo que me ha humillado desde niño. <<¡¡Yo seré un gran Imperio!!>> La imagen de mí como un niño vino a me mente de forma repentina; gritándole a un más joven Francis luego de que éste había venido como siempre, para burlarse. Apreté mis dientes con un temblor en mi barbilla, tragando saliva con fuerza. “¿Con un demonio, por qué…? ¿Por qué no logro llegar a ser tan fuerte como él? ¡¿Qué rayos tiene su rey, su gente, su ejército, que es mejor que lo mío?!”

- Ngh-… ¡a-alejate, idiota! ¿Cuentas pendientes? ¡Siempre quisiste que me fuese de tus mugrosas tierras! ¡¿No es cierto?! ¡E-entonces, ya no me estorbes y déjame ir! –sin bajar la voz en ningún momento y por el contrario, chillando, mantuve mi espada de forma horizontal a mi cuerpo, mirando a Francis con los ojos en blanco, un tic que él ya muy bien conocía, y el ceño fuertemente fruncido y marcado. No comprendía qué rayos podría buscar ahora de mí; mi ejército estaba aplastado, había perdido todos los territorios, y yo mismo estaba escapando, damn. Escapando de Francia. Mi única esperanza era Calais, la ciudad más cercana a Inglaterra, pero… a este paso, ya ni siquiera sabía cuánto me duraría.– N-no me digas que quieres dinero, bastardo… ¡por tu culpa no tengo un maldito centavo, así que vuelve a tu campo y no me molestes! –reclamé, levantando dos de mis dedos con mi mano libre; eran el dedo índice y el dedo mayor.

En ese entonces, eso era el verdadero ‘fuck you’.


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MensajeTema: Re: Batalla de Castillón - Guerra de los 100 Años [Privado/Advertencia] (Francia)   Mar Jul 27, 2010 5:18 am

Sonreí con sorna ante las palabras de mi peor enemigo. Acorralado; estaba completamente acorralado.

- Deberías saber que no estás en posición alguna para hacer ese tipo de comentarios, cher... - y entonces, con una media sonrisa torcida, me abalancé sobre él, quitándole la espada de las manos con un hábil movimiento y golpeándolo con la empuñadura de la misma.

Miré con desagrado la forma inerte del Inglés, despatarrado en el suelo. No daba señal alguna de vida; no se movía. Lo único que me decía que seguía vivo era el hecho de que su pecho se elevaba y bajaba lentamente, mostrándome que seguía respirando, aunque con algo de dificultad.

Podría haber acabado con su vida en ese mismo momento. Oui, un golpe limpio con mi espada y el trabajo estaría hecho...

Mais non.

Tenía otros planes para ese niñato que tanto dolor y sufrimiento me había causado. Y me aseguraría de que fuera mil veces peor que la muerte. Oui. Lo haría gritar. Lo haría gemir de dolor. Lo haría gritar mi nombre y aceptar que yo era el ser superior. Lo haría rogar por su insignificante vida.

Una fría risotada escapó a mis labios. Ahh mon dieu, esto sería mas divertido de lo que pensaba....

Y con esos pensamientos, recogí al inglés y lo sostuve en mis brazos. Cada músculo de mi cuerpo se quejó ante la acción. Yo no estaba en forma alguna para hacer este tipo de cosas con facilidad; estaba herido y agotado por la batalla. Y la armadura de cher Angleterre pesaba más que el mismo niño. Pero no abandonaría mi empresa.

Lentamente, tortuosamente, hice el camino de vuelta hasta Versailles, llevando al Anglais a cuestas. Mi gente me observaba en silencio al verme pasar. Aquí y allá se oían todavía los últimos vestigios de la batalla. El sonido de metal contra metal, el estruendo de un cañonazo, un grito desesperado y silencio. La letanía de sonidos de una batalla que llegaba a su fin se me hacía distante. Mi cuerpo solo conocía el dolor; el dolor de mis heridas, el ardor en mis músculos sobreexigidos y el peso de Angleterre en mis brazos.

Al fin, luego de lo que pareció una eternidad, llegué a mi castillo. Mi querido Versailles. Inmediatamente, una horda de sirvientes se acercó a recibirme con gritos alarmados y mucho correr de un lado a otro. Sus exclamaciones de alarma se intensificaron al ver al inglés que llevaba en brazos; pero no dijeron nada mas, aunque podía ver en sus caras el miedo y el puro desprecio que le tenían.

Di órdenes de que lo trataran como a un invitado, que curaran todas sus heridas y le dieran una habitación.

Silencio. Miradas de sorpresa. Oui, me lo esperaba. Sonreí con malicia y ordené que una vez hubieran terminado, cerraran la puerta con llave para que no escapara. Nadie tenía permitido entrar en la habitación mas que yo mismo. Confiaba plenamente en que yo estaría listo y de pie antes que el pequeño conejillo cazado.

Observé a los sirvientes llevarse al inmóvil inglés, sosteniendolo con caras de asco y repulsión, como si tuviera alguna enfermedad infecciosa y altamente contagiosa. Sonreí de lado.

Al fin en casa.

De pronto, oscuridad. Mas gritos de alarma. El cansancio y el dolor me habían vencido, y me dejé llevar por la dulce nada que todo lo envolvía.

Desperté y me encontré acostado en mi cómoda cama, desnudo y bien arropado. Miré por la ventana. Estaba oscuro. Me pregunté cuánto tiempo habría pasado desde que habíamos llegado a Versailles. Mi cuerpo se sentía algo pesado y adolorido, pero todas mis heridas estaban curadas y vendadas. Me sentía... descansado y en paz. Una carcajada llena de alivio escapó a mis labios y sentí cómo las lágrimas comenzaba a hacer su descenso por mis mejillas. Al fin sentía esa elusiva paz que tanto había añorado durante décadas. Había capturado al inglés, y pronto, muy pronto, lo haría sufrir como nunca había sufrido. Lo haría experimentar cosas que no sabía que existían y sentir dolor en lugares que nunca había imaginado que podrían dolerle.

Oui, esta sería nuestra última batalla, y ya la tenía practicamente ganada.

Me levanté de la cama y me vestí. Ya no debía llevar armadura. No para lo que tenía planeado. Se sentía bien la libertad luego de tanto tiempo cargando la pesada armazón de metal sobre mis hombros. Luego de todo el tiempo que llevabamos en guerra, este pequeño nicho de paz que habíamos conseguido con tanto esfuerzo y tantos sacrificios hacía que todo se viera nuevo y mil veces mas maravilloso de lo que era. Las muertes de mi gente no habían sido en vano. Al fin, al fin esta condenada batalla estaba llegando a su fin. Y la victoria era nuestra.

Salí de mi habitación y me encontré con que una sirvienta me estaba esperando. Al parecer, llevaba tres días inconsciente y mon petit anglais todavía no daba muestras de estar por levantarse. Mais oui; después de todo, durante las últimas batallas lo habíamos aplastado, y sus heridas eran mucho mas extensas que las mías.

La sirvienta me guió al salón comedor, en donde una -algo frugal- cena me estaba esperando. Ahh oui, la guerra podría estar llegando a su culminación, pero toda Francia estaba en crisis gracias a ella. Serían tiempos difíciles, oui, pero sobreviviríamos. De eso estaba seguro.

Una vez había cenado, me levanté y pedí que me llevaran a la habitación de mi peor enemigo. Ese pérfido inglés al que tanto odiaba, lo odiaba al punto en que era casi tangible. Lo despreciaba por todo lo que me había hecho sufrir.

Y lo amaba. Lo amaba tanto como lo odiaba. Lo amaba tanto que me dolía amarlo. Malditos sentimientos que se interponen en mi camino, no me permiten terminar con la vida del endemoniado niño que tanto sufrimiento me había causado. No me permiten maltratarlo mas de la cuenta, por mas merecido que se lo tuviera.

Perdido en mis pensamientos como estaba, casi no me percaté de que habíamos llegado a la habitación en que el pequeño insolente se encontraba. La sirvienta me entregó la llave a la habitación y se excusó, alejándose del lugar a toda prisa, como si quisiera estar en contacto con el inglés el menor tiempo posible.

Inserté la llave en la cerradura, la giré, y abrí la puerta, volviendo a cerrar con llave detrás de mi. Era tomar un riesgo, oui. Pero no quería que nadie nos interrumpiera. Ademas, mon petit lapin no estaba en condiciones de hacerme daño alguno. Me acerqué a la cama y lo miré. Habían cumplido con mis órdenes al pie de la letra. L'anglais estaba limpio y vendado, y parecía que habían cuidado bien de él, a pesar de todo el odio y el rencor que le tenían. Su rostro se veía pacífico mientras descansaba; aunque por momentos se retorcía y contorsionaba para hacer una mueca de dolor. Tal vez estaba soñando con la guerra. O tal vez era que simplemente todavía sentía dolor físico.

Bien, es hora de comenzar.

Tomé de mi bolsillo un fino pañuelo de seda y miré al inglés con malicia. Con cuidado, sigilosamente, suavemente, tomé sus brazos y, usando el pañuelo, lo até por las muñecas a la cama. Ahora no podría escapar de mí.

Me retiré hacia una esquina en la que había una silla y me senté a esperar. Cuando despertara, Arthur desearía nunca haber nacido.


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Arthur Kirkland

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MensajeTema: Re: Batalla de Castillón - Guerra de los 100 Años [Privado/Advertencia] (Francia)   Vie Jul 30, 2010 6:31 pm

Nada. No pude llegar a responderle nada, a hacer nada o siquiera a intentar defenderme, cuando luego de aquella sonrisa que podía calificar fácilmente como sádica, Francis se abalanzó sobre mí, me arrebató mi espada y me golpeó con la pesada empuñadura de ésta. Apenas llegué a mover el brazo con el que tenía la espada, sobresaltándome por el movimiento brusco que hizo el mayor y terminando de espaldas cuando me golpeó por detrás; un sonido de sorpresa salió de mi garganta, mezclado con algo de dolor del golpe, y dos segundos después había sentido el duro golpe de algo… de mí estrellándome sobre el suelo. Casi pude sentir el sabor de la tierra y el césped maltrecho, durante unos momentos, milésimas de segundos; luego, lo único que hubo fue oscuridad.

No se podía detallar a falta de adjetivos, el estado en el que mi endurecido orgullo debía de haber quedado, estando allí, tirado, inconsciente y de espalda y boca abajo al enemigo, sin espada o arma en mano, y sin siquiera tener un ejército, una persona, algo, que pudiese llegar a socorrerme. Claro… tratándose nosotros de la representación de un país, era virtualmente imposible ‘asesinarnos’… a menos claro de que luego de tomarme a mí fuesen directo hacia mi territorio, lo destruyesen y lo invadiesen por completo hasta que desapareciese del mapa como tal. Pocos de nosotros solíamos tener ese final, o más bien, pocos de nosotros actualmente. El último y al que más fuerte había golpeado algo así, había sido Roma. Ese que nadie pensaba llegaría a desaparecer.

Mi percepción de lo que ocurrió después fue completamente nula; mi cuerpo colgaba del brazo francés que me llevaba a Dios sabía dónde, y mientras mi cuerpo era movido, un profundo sueño, una profunda pesadilla me embargaba. Mi cuerpo estaba desecho, en todo el sentido posible que pudiese dársele; estaba lastimado por las batallas, estaba lastimado por la muerte de mi gente, estaba enfermo porque mi país sufría una horrenda crisis económica, y por si fuera poco me encontraba en un problema civil tras otro. Esos idiotas pronto harán otra guerra civil…*

Mi pesadilla no era nada más ni nada menos que la realidad, porque la realidad que yo estaba viviendo lo era. Oía gritos de guerra, mazazos y golpes bestiales, estocadas y cortes violentos; todo tipo de diferentes maneras de matar al otro y, en muchos casos, disfrutarlo. Porque sí, y de eso mi gente no se quedaba exenta… nuestras guerras, es decir, las de todo el Continente, son las más cruentas que existen, y muchos de los guerreros en ellas no son más que sanguinarios que buscan alguna clase de satisfacción, alguna sensación de poder al matar a otro, al destrozarlo o al hacerlo su esclavo. Todavía estaba firmemente clavado en mi mente cómo, hace apenas unas horas, uno de mis guerreros fue capturado y porque ‘tenía ojos bonitos’ le estrellaron una maza en la cabeza; y las razones de los míos podían llegar a ser tan banales e imbéciles como esa. Esa era la forma de vida que teníamos, lo endurecido que estábamos, y sin importar la edad física o psicológica, la realidad era que en el campo de batalla uno tampoco pensaba, y lo único de lo que estaba seguro era que tenía que matar a cuanto se le cruzase en el camino.

Me retorcía entre sueños, con una expresión a veces cansada, descansando ‘en paz’ de una buena vez desde hacía años, y de a momentos mi ceño se fruncía, tornándose en una expresión lastimera, sufrida, moviendo mis brazos y piernas, como si buscase escapar. Escapar de mis propios sueños. Pero aún si lograba hacerlo y despertaba, el panorama con el que me encontraría sería mil veces peor que un simple sueño; era un panorama del que nunca podría despertar.

No sé cuánto tiempo pasó, y ni siquiera sé dónde estoy; mi cuerpo repentinamente sintió que el vaivén de las corridas dejaba de sentirse, y mis extremidades dejaban de sacudirse, para dar paso a una sensación cómoda, mullida. Un lugar que, en las inconscientes sensaciones, me hacía pensar, aliviado, que estaba en mi hogar, finalmente en mi hogar. Entonces, ¿Francis me había dejado escapar…? ¿Quizás algunos hombres de refuerzo habían logrado llegar desde Calais, y me habían llevado de regreso a Inglaterra? Todo eso sonaba genial, pero… la sensación de nervios no desaparecía de mi pecho. Y cuando desperté comprendí porqué. Mis párpados pesaban horriblemente, y cuando al fin, luego de tres días de los que ni consciente estoy que pasaron, mis verdes orbes lograron abrirse, mi ceño se frunció en confusión, mi rostro desorientado. La luz del día me cegó, provocándome fotofobia y necesitando volver a cerrar mis párpados unos segundos, hasta poder acostumbrarme.- H-hum…-volví a entreabrirlos, quejándome, y lo primero que hice fue encontrarme con el rostro de costado, apoyado en una mullida almohada y en una cómoda cama, dirigiendo mi vista hacia un gran ventanal que… no era de mi casa.

Me sobresalté al ser conciente de ello, y al abrir mis ojos como platos noté mi situación; miré hacia arriba y a ambos lados, nervioso, observando que mis muñecas estaban atadas al respaldo de la cama, y varias partes de mis brazos se encontraban con vendas. Mi cuerpo ya no sangraba, pero podía sentir alguno de los cortes tirantes en mi piel, especialmente uno en la mejilla, y varios en el torso. Perdido, me miré a mí mismo, ¿a dónde rayos había ido a parar mi armadura? Comencé a asustarme, a sabiendas ya de quién era esa persona que me miraba, provocándome la inconfundible sensación de ser observado, y levantando mi mirada lentamente hacia el frente. Mi ceño se frunció en una mezcla de odio y miedo, sintiendo mi cuerpo temblar y tragar saliva, tenso.- ¿Q-qué demonios…? ¿A dónde rayos me trajiste, cerdo? J-jah… ¿es que acaso eres tan idiota como para-…tra-traer al enemigo al centro de tu país? –preguntó, sintiendo como sus palabras no tenían nada de fuerza, y eran pronunciadas casi en un hilo de voz.- S-será mejor que me dejes... ¡te arrepentirás si no lo haces, idiota! Ngh... ¡¿qué rayos quieres?! -

Ni aun cuando era niño y yo era el invadido, me había sentido tan desprotegido. Nunca, en toda mi vida.
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MensajeTema: Re: Batalla de Castillón - Guerra de los 100 Años [Privado/Advertencia] (Francia)   Vie Ago 06, 2010 1:31 am

Me sentía como un depredador, aguardando en las tinieblas al momento justo para atacar. Y pronto, muy pronto, ese momento llegó. Sonreí con malicia, relamiéndome ante la reacción del pequeño conejillo cazado. Casi podía oler su miedo en el ambiente.

Me puse de pie, silencioso, al tiempo que removía de mis hombros el saco bordado con hilos dorados que llevaba puesto y lo dejaba sobre la silla que acababa de desocupar. Me acerqué a la cama, sonriente. Podía sentir el odio que emanaba de mí mientras me desabrochaba los primeros botones de la camisa y me deshacía de mis zapatos.

- Bienvenue, Royaume-uni. Bienvenue a mon Palais de Varsailles. Aunque supongo que ya habías deducido en dónde te encontrabas, non? - sus palabras no hicieron mas que arrancarme una fría carcajada sin humor. Hice ruido con la lengua, reprochante. - Acaso es esa forma de tratar a tu anfitrión, mon petit? Creo que no estás en posición alguna para hacer ese tipo de comentarios... - me senté en el borde de la cama, a un lado de la Perfide Albion, observándolo desde mi posición.

- Bien, cher... considerando tu situación... tienes dos opciones. Cooperar y hacer de esto lo menos horrible para ambos; o no hacerlo y sufrir el triple. - tomé las sábanas que cubrían el cuerpo de Arthur y tiré de ellas, dejando al descubierto su cuerpo al desnudo.

Ah... se veía tan pequeño, tan frágil... me recordaba un poco a cuando había sido mi primera vez... claro que yo había sido incluso mas joven de lo que era Arthur.

- Entonces... qué será, mon cher? - pregunté, recorriendo su pecho suavemente con un dedo, y disfrutando terriblemente de ello.


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MensajeTema: Re: Batalla de Castillón - Guerra de los 100 Años [Privado/Advertencia] (Francia)   Jue Ago 19, 2010 7:30 pm

Mis ojos quedaron primero abiertos como platos, y luego totalmente en blanco cuando noté que ese bastardo avanzaba hacia mí. Mis pómulos comenzaron a sufrir en ellos una notoria acumulación sanguínea que pronto se extendió hacia el resto de mis mejillas, cubriendo también mis orejas. "¿Q-qué demonios...?" ¡¿Por qué rayos estaba desnudo?! Más le valía a ese retrógrada ni siquiera estar pensando en eso. Tragué saliva dura y profundamente, apretando mis ojos y jalando la tela que me retenía. Aún siendo suave, podía sentir a mis muñecas marcarse suavemente, sonrojarse de a poco.

Y la fuerza y desesperación aumentaron al escucharlo.

Yo no era ningún idiota, por supuesto que sabía qué era lo que ese infeliz pensaba, lo que quería, lo que buscaba... pero no entendía porqué. Me tensé de rabia, rencor y miedo cuando ese dedo se posó en mi pecho, moviéndome rebelde y renuentemente para que lo alejase. No podía mover mi cuerpo, pero al menos podría retorcerlo.

- ¡¡N-NGHH!! ¡¡Quita tu maldita mano de mí, aléjate, cerdo!! ¡¿Quién te crees que eres?! ¡T-tú... n-no te atrevas a tocarme, te mataré! -grité mientras me revolvía, intentando alejar a Francis de mi cuerpo, tanto a su mano como a él. El miedo se reflejaba en mi cara, la furia también, pero mi orgullo jamás me dejaría demostrarlo decentemente, y por eso le chillaba y gritaba con los ojos en blanco, el ceño bien fruncido y marcado, y las mejillas totalmente sonrojadas. Intentaba amenazarlo, asustarlo, aunque ni yo mismo creía que fuese a lograrlo.

- B-bastardo... ¡¿esto es lo que hace la tan sobre estimada mayor potencia del mundo?! ¡Suelta mis brazos y te daré una lección! ¡L-lo verás, yo voy a superarte! -volví a revolver mis brazos mientras veía la sombra y la figura francesa para nada alejarse sino más bien acercarse, y de mi mente no podían salir ninguna de las dos ideas: ni mi enorme deseo de convertirme en alguien poderoso, superarlo, y ser mucho mejor de lo que Francia siquiera soñaría con ser... ni mi temeroso y seguro pensamiento de que, esta maldita guerra, y este maldito día, no los podría olvidar.


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MensajeTema: Re: Batalla de Castillón - Guerra de los 100 Años [Privado/Advertencia] (Francia)   Dom Sep 19, 2010 4:50 pm

Me relamí gustoso y predador ante la reacción que obtuve de l'Anglais al recorrer su pecho con mi dedo. Ahh, amaba la resistencia que oponía, ese evidente miedo, esa furia incontenible y la frustración que eran tan obvias en el rostro de aquél pérfido inglés que me había hecho sufrir tanto durante un siglo. Un condenado siglo.

Y ahora, era momento de mi venganza. Sentí como una sonrisa perversa, maquiavélica y sin humor se extendía sobre mi rostro. Mi dedo se topó con una de las cicatrices frescas que cubrían el pecho de Angleterre y presioné con fuerza, buscando que sintiera dolor incluso antes de comenzar.

Reí con humor negro ante sus palabras, esas amenazas vacías que él mismo sabía no podría cumplir.

- Ahh, mon petit Anglais, sabes perfectamente bien que no puedo liberarte, non... tal vez.... oui, tal vez te desate una vez hayamos terminado. - sonreí con malicia y terminé de quitarme la camisa. Luego, llevé una de mis manos a la mejilla de mon ennemi, acariciandola con deliberada suavidad, casi como si la dulzura de mis caricias tan solo anticiparan el horror de lo que vendría luego.


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MensajeTema: Re: Batalla de Castillón - Guerra de los 100 Años [Privado/Advertencia] (Francia)   Jue Sep 23, 2010 9:15 pm

- ¡I-iaa! E-ekk… ¡¿Q-qué crees que haces, idiota?! Nghh… agh…-apreté mis ojos con fuerza cuando ese condenado dedo bajo por mi pecho y fue a parar a una de las abiertas cicatrices, sintiendo el apretón como una punzada de dolor y una corriente eléctrica del mismo tipo que recorrió todo mi cuerpo, sacudiéndolo y haciendo que se estremeciera…- Ma-maldito morboso… eso es lo que eres, ¡solo un cerdo morboso, idiota! –levanté la voz en cuanto pude, abriendo los ojos y mirándole con puro resentimiento, casi pudiendo verse en el brillo de mis iris cómo todo mi ser se auto convencía y mi orgullo me pedía una venganza ejemplar por todo esto.

Lo haría, realmente lo haría. Aunque tuviese que pasar cien veces más por algo como eso antes de poder vencerlo… no me importaba.- ¡De-demonios! ¡Y-ya lo verás, bastardo, verás cómo te superaré! ¡TE DETESTO! –grité todo aquello mientras escuchaba al estúpido francés reír de aquella forma macabra y burlesca, burlándose, burlándose de . Le miré aún con más odio cuando susurro aquello como si nada, como si fuese un juego que hacíamos diariamente.

- B-bastardo, ¡no me llames así! ¡No soy nada tuyo! –exclamé, moviendo mi rostro a los lados y sacudiéndolo durante la hipócrita caricia. Detestaba que me llamase ‘mon petit’, porque no sólo me decía pequeño… sino que decía que era suyo y, peor aún, hablaba como si fuese alguna clase de relación en donde existiese cariño cuando, desde mi más tierna infancia, había sido la persona que me enseñó a odiar. Su caricia provocó que mis ojos se abrieran como platos y frunciese el ceño con rencor, gruñendo y temblando todo mi cuerpo, especialmente notorio en mis ojos y mis labios, que se pegaban con fuerza ante la rabia y el miedo. Pero un estúpido sentimiento de valor guiado únicamente por mi orgullo me hizo reaccionar de última instancia, escupiendo al mayor ante su estúpida caricia, sonriendo forzado, como si aún estuviese en posición de hacerlo, pretendiendo que no estaba tan atemorizado y furioso como lo estaba, y usando el único recurso que tenía al estar atado de manos e inmovilizado de piernas.

- J-jah, no intentes convencerme de un cariño que no existe, imbécil… ¡S-será mejor que sea lo que sea que quieras lo hagas de una vez y me dejes! You bloody wine bastard!elevé mi voz cuanto pude, a sabiendas de que lo que acababa de hacer no me haría las cosas precisamente más agradables, pero… mientras más rápido esa basura terminase, más rápido podría volver a mi hogar a planear cómo hundirlo. Porque de hacer, lo haría. Aún si me tomaba cien años más.


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Francis Bonnefoy

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MensajeTema: Re: Batalla de Castillón - Guerra de los 100 Años [Privado/Advertencia] (Francia)   Vie Oct 01, 2010 1:21 am

- Qué hago, preguntas? - sonreí con maldad y odio ante la obvia pregunta - pues... me vengo, bien sur. Y me aseguro de que jamás en tu existencia lo olvides, Angleterre. - pronuncié las palabras con un cuidado y un desprecio que anticipaban lo peor y mas horrendo que podría pasarle a mon petit Anglais.

Sus palabras de odio hicieron que se me helara la sangre por una fracción de segundo. Lo había dicho tan convencido, con tanta convicción, que sentí como si una parte de mi, esa parte que en realidad lo amaba, muriera de a poco. Oui, mon petit lapin podía insultarme, gritarme, golpearme, patearme y hacerme todo lo que quisiera... nada de eso me afectaría, jamais! Sabía que él era así desde siempre y nunca cambiaría. Pero esa simple frase hizo que me muriera por dentro. Me recuperé inmediatamente y le sonreí con altanería.

- Ahh, Royaume-Uni... sí eres algo mío. Mi enemigo. Y mi prisionero. Harías bien en- pero no llegué a terminar mi frase, pues el muy desgraciado no tuvo mejor idea que escupirme. En seguida, el rostro se me ensombreció. En silencio, mirándolo con desdén a los ojos, me limpié. Pero l'Anglais no se conformaría solo con eso, non... procedió a insultarme y ordenara que terminara de una vez.

Me las pagaría caro. Lo haría sufrir el triple.

- D'accord... si es eso lo que quieres, entonces eso tendrás. - Pronuncié cada palabra gélidamente, con una frialdad y desprecio que daban miedo, en un tono que indicaba peligro inminente. Me puse de pie en silencio y me deshice del resto de mis ropas.

Una vez completamente desnudo, me volteé y miré de arriba a abajo con desprecio y al mismo tiempo relamiéndome. Ahhh, mais oui... se veía delicioso. Indefenso, inmóvil, incapaz de defenderse. Mi venganza estaba casi completa. Aunque, en algún lugar de mi ser, casi lamentaba que su primera vez tuviera que ser de esta forma. Mais.... non. Se lo merecía por bastardo, por desgraciado, por hacerme pasar un siglo de infierno, horror y condena. Pagaría un precio alto por lo que me había hecho, y se lo tendría bien merecido.

Sin decir una palabra, me situé sobre el inglés, separando un poco sus piernas para hacer espacio.

- Alguna última plegaria, mon cher? Si te disculpas podré hacer de esta una experiencia menos desagradable para ambos~ - comenté en un susurro peligroso, con un tono algo burlón, mi rostro a escasos centímetros del suyo; mi dedo juguetón volviendo a deslizarse por su cuerpo, buscando producirle excitación.


...he's there, the Phantom of the Opera...

...beware, the Phantom of the Opera...
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Arthur Kirkland

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MensajeTema: Re: Batalla de Castillón - Guerra de los 100 Años [Privado/Advertencia] (Francia)   Jue Oct 14, 2010 8:37 am

¿Venganza, decía? Eso no era solo una jodidísima venganza, e-ese bastardo, no... una venganza era otra cosa. Una venganza era encerrar, era golpear, torturar, humillar... no violar. Aún cuando ciertamente y con algún conocimiento y experiencia sobre ello, sabía que no había nada más que me humillase y torturase más que algo como eso, no al menos a mí.

Y lo ignoré. Ignoré todo aquello que fui capaz de ignorar; ignoré sus palabras, sus respuestas, la forma en que me humillaba verbalmente también, como si no fuese suficiente solo la humillación física. Me sentía como un muñeco ahora mismo, un vil objeto que nada podía hacer, no podía oponerme, no podía hacer más que gritar, un voto que no valía para nada, un voto que valía en contra... me haría justo lo contrario a lo que yo deseara. Pero a pesar de que trataba, las respuestas del francés no lograban otra cosa más que provocarme deseos de responderle, de gritar, de intentar gritar a diestra y siniestra, sintiendo por primera vez en toda mi vida el deseo y la necesidad de pedir ayuda, a alguien, a quien fuese.

Por primera vez me daba cuenta, también, de que no podía existir soledad mayor a la que se sentía como resultado de ese deseo... porque, ¿quién iría a ayudarme a mí, al pedazo de isla que a pasos agigantados se convertía en un enorme dolor de cabeza para Francia, Escocia y España? ¿Quién me ayudaría si hasta el bastardo enfermizo de mi hermano había colaborado muy activamente para que yo terminase como ahora? ¿Quién querría ayudarme, cuando mis otros hermanos, uno estaba bajo mi yugo, y los otros preferían mantenerse alejados y ajenos a mí? Mi cuerpo comenzó a desesperarse cada vez más hasta llegar a un límite, cuando todos esos pensamientos depresivos golpearon mi mente, haciéndome conciente en verdad de la situación en la que estaba.

Mis ojos se humedecieron, despacio, asustado, mientras observaba cómo, sin arrepentirme del escupitajo, el francés ahora se desvestía en frente mío, y yo cerraba mis ojos. No quería mirarlo, no quería ni pensarlo.- ¡¡N-no me mires, no me toques, idiota!! -totalmente perdido en la situación, sin saber cómo habíamos avanzado y llegado hasta eso (ahora, arrepintiéndome a lo grande de haberme esforzado tanto en ignorarlo), me removí cuanto pude, sintiéndome devorado por esos ojos, cada vez más asustado, ya sin siquiera poder controlarlo o, al menos, disimularlo.

- ¡A-ah! Nhh...n-...-estuve a punto, a punto de pedírselo; que se detuviera, que no lo hiciera. Pero mordí mi labio inferior, aguantando aún las lágrimas que se acumulaban cuantiosamente en mis párpados, y que casi se desprenden cuando el bastardo violador me abrió las piernas y me manoseó, temiendo que mi cuerpo reaccionase como alguna vez ya me había pasado. Apenas le miré a los ojos, frunciendo el ceño, temblándome el mismo con desespero y frustración; esperaba que de una vez aquella tortura terminase, a pesar de que todo en mí pedía que parase.- Ja-...jamás... ¡¡Jamás me disculparé ante tí, idiota!! ¡¡Tú lo harás, e-en un futuro, claro que lo harás!! -grité, elevando mi acongojada y llorosa voz nuevamente, terminando por cerrar sus ojos.

- A-apresuráte, demonios... ¿a-acaso esperas que te invite...? -


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MensajeTema: Re: Batalla de Castillón - Guerra de los 100 Años [Privado/Advertencia] (Francia)   

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Batalla de Castillón - Guerra de los 100 Años [Privado/Advertencia] (Francia)
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